Acerca de

El feminismo nos interpela, nos llena el culo de preguntas.

Sus aportes teóricos, las gafas violetas, nos han permitido ver un mundo nuevo, ver detalles antes invisibles que explican muchas cosas. Lo primero que vimos fue  el género, esa “construcción política del sexo”[1] Y, si los sexos tienen un género asociado, a la portación de pene le corresponde la construcción de la masculinidad. Y vimos, en retrospectiva, a nuestro entorno familiar y social construyendo esa masculinidad sobre nosotros y a nosotros mismos construyéndola conscientemente; incluso, a veces, con gran esmero!

Esas gafas también nos ha permitido ver las violencias y el patriarcado, el hetero-patriarcado. Un régimen de opresión. Uno más, que viene a cruzase con el capitalismo, con el racismo y tantos otros. Y nosotros, con esta vocación de identificarnos con el “oprimido” y comprometiéndonos con el fin de los regímenes de opresión, terminamos sospechando que era posible ahora estábamos del lado en que en que no queríamos estar.

Y nos asustamos, protestamos, pataleamos, hicimos berrinche y empezamos racionalizar el berrinche diciendo que quizás el modelo opresor-oprimido era demasiado simplista, que…

Pffff… respira hondo.

Había algo en todo esto que no podíamos dejar pasar, que nos convocaba. Y nos sumergimos en ese mar.

Nos pusimos a leer. Pudimos  nombrar la masculinidad hegemónica. Vimos que la mayoría de nosotros éramos una copia, un tanto fallida, de ese original que nunca vimos en realidad. Y que aun así el sistema patriarcal nos daba privilegios. Porque nuestra copia no era tan fallida. Después aprendimos a nombrar la diversidad, la disidencia, miramos nuestra homofobia a la cara, a desconfiar de las “nuevas masculinidades” a ver la posibilidad de prever y evitar que se convierta en la construcción de “nuevos privilegios”. A nombrar los “micro-machismos”.

Después vino el momento de poner el cuerpo. Porque aprendimos que lo racional es androcéntrico. Que ganar libertad en nuestro caminar por el terreno emocional es un desafío.

Esta es una invitación a quienes se sientan identificados con estos caminos. A construir un espacio colectivo que se sostenga en el tiempo. Un espacio en el cual nos podemos ver las caras y compartir los sentimientos, vivencias, dudas, fallidos, aciertos. Un espacio donde poder deconstruir esta masculinidad y construir otras formas, de estar-en-el mundo, con les otres.

No queremos ser modelos de nada, solamente nos declaramos con vocación a abrir los ojos y decir dónde el hetero-patriarcado nos capturó, cual es la lucha que estamos dando.

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[1] El Tornillo, mico-espacio feminista de La Tuerka. Episodio 2×12.

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